El Pescador y su alma
El Pescador y su alma —El amor es mejor que la sabidurÃa, y más precioso que las riquezas, y más bel o que los pies de las hijas de los hombres. Al amor no lo consume el fuego, ni el agua puede apagarlo. Yo te l amaba al amanecer, y tú no acudiste a mi l amada. La luna oyó tu nombre, pero tú no escuchaste. Porque yo te habÃa abandonado, y para daño mÃo vagué muy lejos de ti. Sin embargo, tu amor fue siempre conmigo a todas partes, y siempre fue poderoso, y nada prevaleció contra él, a pesar de que contemplé el mal y contemplé el bien. Y ahora que tú estás muerta, yo quiero también morir contigo.
Su alma le suplicaba que se retirase pero él no quiso hacerlo; tan grande era su amor. Y el mar se acercó cada vez más y trató de cubrirlo con sus olas. Y cuando él supo que su muerte estaba próxima, besó con labios frenéticos los labios frÃos de la sirenita, y su corazón se hizo pedazos. Y como la plenitud de su amor hizo estal ar su corazón, el alma encontró una abertura, y por al à entró, y fue de nuevo una sola con el joven Pescador, tal como antes. Entonces las sombrÃas olas del mar cubrieron al joven Pescador.
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A la mañana siguiente, el sacerdote salió para bendecir el mar que habÃa estado tormentoso, y con él venÃan los monjes y los músicos, y los acólitos l evando cirios, y una gran muchedumbre.