El Retrato de míster W.H.

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Empezó señalando que el joven a quien Shakespeare dirigió estos poemas extrañamente apasionados debió haber sigo alguien que fuera realmente un factor vital en el desarrollo de su arte dramático, y que esto no podía decirse ni de lord Pembroke ni de lord Southampton. A decir verdad, quienquiera que fuera no podía haber sido nadie de alta cuna, como se muestra claramente en el soneto XXV, en el que Shakespeare se pone a sí mismo en contraste con los que son "favoritos de los grandes príncipes"; dice en él con franqueza:

Aquellos que su estrella favorece

alardeen de títulos y honores,

que yo, a quien veda el sino triunfo tal,

no busqué el gozo en lo que más honré4;

y termina el soneto congratulándose por la condición humilde del que tanto adoraba: Feliz pues yo, que amé y soy amado

do puedo no mudar ni ser mudado.


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