El Retrato de mÃster W.H.
El Retrato de mÃster W.H. -¡La cuestión no está zanjada! -exclamé-. Tomaré la teorÃa donde Cyril Graham la dejó, y demostraré al mundo que él tenÃa razón.
-¡Necio muchacho! -dijo Erskine-. Vete a casa; son más de las dos, y no pienses más en Willie Hughes.
Siento el haberte hablado de ello, y lamento muchÃsimo ciertamente el haberte convertido a una cosa en la que yo no creo.
-Tú me has dado la clave del mayor misterio de la literatura moderna -repliqué-; y no descansaré hasta que no te haya hecho reconocer, hasta que no haya hecho que todo el mundo reconozca, que Cyril Graham fue el más sutil de los crÃticos de Shakespeare de nuestro tiempo.
Cuando iba de camino a casa atravesando St. James Park, rompÃa el alba sobre Londres. Los blancos cisnes yacian dormidos en el lago bruñido, y el adusto palacio parecÃa de púrpura recortado en el cielo verde pálido. Pensé en Cyril Graham, y mis ojos se llenaron de lágrimas.
