El Retrato de míster W.H.
El Retrato de míster W.H. -¡Oh!, sabía desde hacía meses que esto tenía que ocurrir -respondió.
-¿Que lo sabía desde hacía meses? -exclamé-. ¿Pero por qué no se lo impidió? ¿Por qué no hizo que le vigilaran? ¡Debía de estar loco!
El médico me miró de hito en hito.
-No sé lo que quiere usted decir -dijo.
-Bueno -exclamé-, si una madre sabe que su hijo se va a suicidar...
-¡Suicidar! -respondió-. El pobre Erskine no se suicidó; murió de tuberculosis. Vino aquí a morir. Desde el momento en que le vi supe que no había ninguna esperanza; tenía un pulmón casi deshecho, y el otro estaba muy afectado. Tres días antes de morir me preguntó si había alguna esperanza. Le dije con toda franqueza que no había ninguna, y que sólo le quedaban unos días de vida. Escribió algunas cartas, y tuvo la mayor resignación, conservando el conocimiento hasta el final.
En ese momento entró lady Erskine con el fatal retrato de Willie Hughes en la mano.
-Cuando George se estaba muriendo me pidió que te diera esto -dijo.
Al cogérselo, rodaron sus lágrimas sobre mi mano.