El ruiseñor y la rosa
El ruiseñor y la rosa -El prÃncipe da un baile mañana por la noche -murmuraba el joven estudiante-, y mi adorada asistirá a la fiesta. Si le llevo una rosa roja, bailará conmigo hasta el amanecer. Si le llevo una rosa roja, la tendré en mis brazos. Reclinará su cabeza sobre mi hombro y su mano estrechará la mÃa. Pero no hay rosas rojas en mi jardÃn. Por lo tanto, tendré que estar solo y no me hará caso ninguno. No se fijará en mà para nada y mi corazón se desgarrará.
-He aquà el verdadero enamorado -dijo el ruiseñor-. Sufre todo lo que yo canto: todo lo que es alegrÃa para mÃ, para él es pena. Realmente el amor es una cosa maravillosa: es más precioso que las esmeraldas y más caro que los finos ópalos. Perlas y granates no pueden pagarle porque no se halla expuesto en el mercado. No puede uno comprarlo al vendedor, ni pesarlo en una balanza para adquirirlo a peso de oro.
-Los músicos estarán en su estrado -decÃa el joven estudiante-. Tocarán sus instrumentos de cuerdas y mi adorada bailará a los sones del arpa y del violÃn. Bailará tan vaporosamente que su pie no tocará el suelo, y los cortesanos con sus alegres atavÃos la rodearán solÃcitos; pero conmigo no bailará porque no tengo rosas rojas que darle.
