La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto CHASUBLE.—Señor Worthing, me avergüenza mucho escucharle semejante opinión, la cual considero muy propia de los anabaptistas, cuyos juicios he impugnado totalmente en cuatro de mis sermones inéditos. Sin embargo, como la disposición de su ánimo en este momento me parece particularmente profana, regresaré a la iglesia inmediatamente. Además, acaba de decirme el encargado del cepillo eclesiástico que hace hora y media que me está esperando la señorita Prism en la sacristÃa.
LADY BRACKNELL.—¡Señorita Prism! ¿Le he oÃdo mencionar a la señorita Prism?
CHASUBLE.—SÃ, lady Bracknell. En unos minutos me reuniré con ella.
LADY BRACKNELL.—Le suplico que me permita que lo detenga por un momento. Es un asunto que puede ser de vital importancia para lord Bracknell y para mÃ. ¿Es esta señorita Prism una mujer de apariencia repugnante, confusamente relacionada con la educación?
CHASUBLE.—(con cierta indignación) Es una dama de las más cultas y la imagen misma de la decencia.
LADY BRACKNELL.—Es, sin duda alguna, la misma persona. ¿Puede decirme qué situación ocupa en casa de usted?
CHASUBLE.—(con severidad) Soy célibe, señora.
JACK.—Lady Bracknell, la señorita Prism es, desde hace tres años, la distinguida institutriz y la compañera imponderable de la señorita Cardew.