La importancia de llamarse Ernesto
La importancia de llamarse Ernesto ALGERNON.—SÃ, chico, hasta hoy, lo admito. Yo lo hacÃa lo mejor que podÃa, aunque me faltaba práctica.
Se estrechan la mano.
GWENDOLEN.—(a Jack) ¡Mi señor! Pero, ¿quién es usted? ¿Cuál es su verdadero nombre de pila ahora que es usted otro?
JACK.—Dios mÃo… HabÃa olvidado absolutamente ese detalle. La decisión de usted acerca de mi nombre es invariable, ¿no?
GWENDOLEN.—Yo no cambio jamás, salvo en mis afectos.
CECILIA.—¡Qué idiosincrasia tan generosa la de usted, Gwendolen!
JACK.—Entonces mejor será aclarar esta cuestión en seguida. TÃa Augusta, un momento. En la época en que la señorita Prism me dejó en el saco de viaje, ¿habÃa yo sido bautizado ya?
LADY BRACKNELL.—Toda la pompa que el dinero puede comprar, incluyendo el bautismo, fue despilfarrado con usted por sus amados padres, ciegos de ternura.
JACK.—¡Entonces ya estoy bautizado! Eso me ha quedado claro. Y ahora, ¿qué nombre me pusieron? Confiésemelo, aunque sea el más excéntrico.
LADY BRACKNELL.—Como era el primogénito, lógico fue que le bautizaran con el nombre de su progenitor.
JACK.—(un poco indignado) Estoy de acuerdo, sin embargo, ¿cuál era el nombre de pila de mi padre?