Poemas en prosa
Poemas en prosa Cierto viajero, pasando por las calles de una gran ciudad, topó con un hombre cuya fisonomía expresaba un dolor insondable. El viajero, que era un estudiante curioso del corazón humano, lo detuvo y dijo:
—¿Qué dolor es ése que llevas ante los ojos de todos, tan tremendo que no es posible ocultarlo, y tan profundo, sin embargo, que no es posible leerlo?
El hombre contestó:
—No soy yo el que se duele a tal punto; es mi alma, de la que no puedo librarme. Y mi alma está más triste que la muerte, pues me odia, y yo también la odio a ella.
El viajero dijo entonces:
—Si quieres venderme tu alma, verás cómo te libras de ella.
Pero el otro replicó:
—¿Es que acaso puedo venderte mi alma?
—Ciertamente —explicó el viajero—. No tienes más que querer venderme tu alma en su justo precio. Entonces, cuando yo se lo ordene, tu alma vendrá a mí. Pero cada alma tiene su justo precio, y solamente a ese precio, ni mayor ni menor, puede ser comprada.
Entonces, el otro preguntó:
—¿Y a qué precio te venderé esta cosa terrible que es mi alma?
El viajero dijo:
