Teleny
Teleny —NO me ha dicho usted cuándo y cómo volvió a encontrarse con Teleny.
—Un poco de paciencia y llegará a saberlo todo.
Comprenderá usted que, después de haber visto a la condesa abandonar su casa de madrugada, llevando marcadas en su rostro las huellas de sus emociones, yo debÃa tener prisa por librarme de mi pasión criminal por René.
Durante algún tiempo llegué a persuadirme de que aquel hombre no significaba nada para mÃ. Y, sin embargo, cuando creÃa ya mi amor por él totalmente extinguido, no tenÃa más que mirarme, para que yo sintiera a este amor atenazarme más que nunca, apoderarse de mi corazón y arrebatarme la razón.
No tenÃa ya reposo, ni de dÃa ni de noche.
Tomé la resolución formal de no ver más a Teleny, y no asistir tampoco a sus conciertos; pero las resoluciones de los enamorados son como lluvia de abril, y en el último minuto, bajo el menor pretexto, acababa cambiando siempre de opinión.
ArdÃa, además, por saber si la condesa o cualquier otra persona seguÃa compartiendo sus noches. Pero no, el conde, que estaba ausente, volvió inopinadamente de viaje y partió de nuevo para Niza, llevándose con él a su mujer.
No le quitaba, sin embargo, la vista a Teleny y, poco tiempo después, lo vi salir con Bryancourt.
