Teleny
Teleny AL dÃa siguiente, los acontecimientos de esta noche me parecieron casi un sueño paradisÃaco.
—Sin duda te sentirás un tanto derrengado, después de tanto…
¡Derrengado! ¡En absoluto! Me sentÃa en plena forma, y tan ligero como las alondras, que aman sin jamás sentir la saciedad del amor. Hasta entonces, el amor que las mujeres me procuraban jamás habÃa logrado rebajarme los nervios.
Se trata de un acto del que estamos fÃsicamente necesitados. Pero la concupiscencia que en aquel momento me embargaba, venÃa a añadir al acto fÃsico una expansión de espÃritu y una armonÃa de todos mis sentidos sin parangón posible.
