Teleny
Teleny —VOLVAMOS a la historia principal, si le parece. ¿Cuándo volvió usted a ver a Teleny?
—No antes de un cierto lapso. La cuestión es que, por más que me sintiera irremediablemente atraÃdo hacia él, una fuerza misteriosa me impedÃa constantemente ir a su encuentro, llevándome a evitarlo; pero, cuando alguna vez tocaba en público, corrÃa inmediatamente a oÃrlo, o más bien, a verlo, sintiéndome vivir tan sólo en aquellos cortos instantes. Mis gemelos quedaban fijos en él; y su figura de semidiós, tan llena de juventud, de vida, de virilidad, me mantenÃa como hipnotizado.
Mi violento deseo de apretar mi boca contra la suya, penetrando sus labios, me excitaba hasta el punto de sentir humedecérseme el pene.
En determinados momentos, el espacio que nos separaba parecÃa acortarse de tal modo, que no podÃa respirar casi el perfume de su cálido aliento, y sentir su contacto en mi propia carne.
La sensación que me producÃa la idea de su piel desflorando la mÃa excitaba de tal manera mis nervios que este goce empezaba por causarme un delicioso respingo, para terminar ocasionándome, en su prolongación, un acuciante dolor.
