Un marido ideal
Un marido ideal LORD GORING. ––¿A usted? No. Su transacción con Robert Chiltem puede pasar por una odiosa transacción comercial en una época odiosamente comercializada; pero usted parece olvidar que ha venido aquà esta noche para hablar de amor; usted, para quien el amor no es más que un libro cerrado; usted, que fue esta tarde a casa de una de las más nobles mujeres del mundo para degradar a su marido ante ella, para intentar matar su amor por él, para poner veneno en su corazón y amargura en su vida, para romper su Ãdolo, y, si hubiera podido, para destrozar su alma. Eso yo no puedo perdonárselo. Para eso no puede haber perdón.
MISTRESS CHEVELEY. ––Arthur, es usted injusto conmigo. Créame, es muy injusto conmigo. No fue para herir a Gertrude. No tenÃa idea de hacer nada de todo eso cuando entré. Fui con lady Markby simplemente para ver si habÃan encontrado en su casa un adorno, una joya, que perdà anoche no sé en dónde. Si no me cree, pregúntele a lady Markby. Ella le dirá que es cierto. La escena ocurrió después de marcharse lady Markby, yo me vi obligada a contestar a las groserÃas de Gertrude. Fui allÃ, ¡oh!, con un poco de malicia, si usted quiere, pero realmente para preguntar por mi broche de diamantes. Ése fue el origen de todo el asunto.
LORD GORING. ––¿Un broche de diamantes en forma de serpiente con un rub�