Un marido ideal
Un marido ideal LORD CAVERSHAM. ––Me parece que vives enteramente para el placer.
LORD GORING. ––¿Para qué otra cosa se puede vivir, papá? Nada envejece tanto como la felicidad.
LORD CAVERSHAM. ––No tienes corazón, amigo, no tienes corazón.
LORD GORING. ––No creo es o, papá. ¡Buenas noches, lady Basildon!
LADY BASILDON. –– (Arqueando sus dos preciosas cejas.) ¿Está usted aquÃ? No tenÃa idea de que asistÃa a las reuniones de polÃtica.
LORD GORING. ––Las adoro. Son el único sitio en donde la gente no habla de polÃtica.
LADY BASILDON . ––Me agrada hablar de polÃtica. Hablo todo el dÃa. Pero no puedo soportar el escuchar. No sé cómo pueden aguantar esos largos debates los miembros de la Cámara.
LORD GORING. ––Porque nunca escuchan.
LADY BASILDON. ––¿De veras?
LORD GORING. –– (En su más serio tono.) Naturalmente. Es algo muy peligroso escuchar. Si uno escucha, lo pueden convencer; y un hombre que permite que lo convenzan con argumentos es una persona de los más irracional.
LADY BASILDON . ––¡Ah! Eso explica a los hombres que nunca he entendido, y también a las mujeres que no son apreciadas por sus maridos.