Un marido ideal
Un marido ideal MISTRESS CHEVELEY. ––SÃ. Es lo justo. Estaré mañana por la noche en la galerÃa de las señoras a las ocho y media. Si a esa hora, y no le habrán faltado oportunidades, ha actuado en la Cámara de la forma que yo deseo, le devolveré su carta con mis más efusivas gracias. Intento jugar limpio con usted. Siempre se debÃa jugar limpio... cuando se tienen los triunfos. El barón me enseñó eso... entre otras cosas.
SIR ROBERT CHILTERN. ––Debe usted darme tiempo para considerar su proposición.
MISTRESS CHEVELEY. ––No. ¡Debe usted decidir ahora!
SIR ROBERT CHILTERN. ––¡Déme una semana!... ¡Tres dÃas!
MISTRESS CHEVELEY. ––¡Imposible! Debo telegrafiar a Viena esta noche.
SIR ROBERT CHILTERN. ––¡Dios mÃo! ¿Qué le habrá traÃdo a usted a mi vida?
MISTRESS CHEVELEY. –– Las circunstancias. (Va hacia la puerta.) SIR ROBERT CHILTERN . ––No se vaya. Accedo. No presentaré el informe. Me las arreglaré para que me hagan una pregunta sobre el asunto.