Un marido ideal
Un marido ideal LADY CHILTERN. Robert, eso no es cierto, ¿verdad? ¿No vas a omitir tu informe sobre esa especulación argentina? ¡No puedes hacerlo!
SIR ROBERT CHILTERN. –– (Estremeciéndose.) ¿Quién te ha dicho que yo iba a hacer eso?
LADY CHILTERN. –– Esa mujer que acaba de salir: mistress Cheveley, como se hace llamar ahora. ParecÃa mofarse de mÃ. Robert, yo conozco a esa mujer. Tú no. Fuimos juntas a la escuela. Ella era mentirosa, deshonesta, ejercÃa una mala influencia sobre todos los amigos que conseguÃa tener. La odio, la desprecio.
Robaba cosas, era una ladrona. Fue expulsada por robar. ¿Por qué has dejado que influya sobre ti?
SIR ROBERT CHILTERN. ––Gertrude, lo que tú me dices puede ser cierto, pero ocurrió hace muchos años. ¡Es mejor olvidar! Mistress Cheveley puede haber cambiado desde entonces. Nadie debe ser juzgado sólo por su pasado.
LADY CHILTERN. –– (Tristemente.) El pasado de una persona es igual que esa persona. Es la única forma de poder juzgar a la gente.
SIR ROBERT CHILTERN. ––¡Eres cruel al decir eso, Gertrude!