Una Casa de granadas
Una Casa de granadas —¿De verdad dejarás que me vaya si te lo prometo? —exclamó la sirena.
—De verdad que dejaré que te vayas —dijo el joven pescador.
Asà es que ella le prometió lo que él deseaba, y lo juró con el juramento de los habitantes del mar. Y él aflojó los brazos en torno de ella, y la sirena se sumergió en el agua, temblando con un extraño temor.
Todas las tardes salÃa al mar el joven pescador y llamaba a la sirena; y salÃa ella del agua y cantaba para él. Dando vueltas y más vueltas en torno suyo nadaban los delfines, y las ariscas gaviotas hacÃan cÃrculos por encima de su cabeza.