Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia LADY CAROLINE.––Me han dicho que tienen ustedes casas de campo en América.
HESTER.––No muchas.
LADY CAROLINE.––¿Y tienen ustedes lo que aquà llamamos campo?
HESTER.–– (Sonriendo.) Tenemos el campo más grande del mundo, lady Caroline. Suelen decirnos en la escuela que algunos de nuestros estados son tan grandes como Inglaterra y Francia juntas.
LADY CAROLINE.––¡Ah! Supongo que sÃ. (A sir John.) John, deberÃas ponerte la bufanda. ¿De qué sirve que yo siempre esté haciéndote bufandas, si luego tú no las usas?
SIR JOHN.––Tengo mucho calor, Caroline, te lo aseguro.
LADY CAROLINE.—Creo que no, John. Bueno, no podÃa usted haber venido a un sitio más encantador que éste, miss Worsley, aunque la casa es excesivamente húmeda, de una humedad terrible, y la querida lady Hunstanton a veces no está muy acertada en la elección de la gente que invita aquÃ. (A sir John.) Jane hace demasiadas mezclas. Lord Illingworth, desde luego, es un hombre de gran distinción. Es un privilegio conocerlo.Y ese miembro del Parlamento, mÃster Kettle...
SIR JOHN.––Kelvil, querida, Kelvil.