Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia LORD ILLINGWORTH.–– (Con una mueca.) ¿De veras? (Se adelanta y pone una mano sobre el hombro de Gerald.) Habrá usted sentido la falta de su padre, ¿verdad, Gerald?
GERALD.––¡Oh, no! ¡Mi madre ha sido tan buena conmigo! Nadie ha tenido una madre como la mÃa.
LORD ILLINGWORTH.––Estoy seguro de eso. Pero creo que la mayorÃa de las madres no comprenden del todo a sus hijos. Quiero decir que no se dan cuenta de que el hijo tiene ambiciones, o desea conocer la vida, o hacerse un nombre. Después de todo, no esperarÃa usted pasarse toda la vida en un agujero como Wrockley, ¿verdad?
GERALD.––¡Oh, no! SerÃa horrible.
LORD ILLINGWORTH.––El amor de una madre es conmovedor, desde luego, pero muchas veces curiosamente egoÃsta. Quiero decir que hay mucho egoÃsmo en él.
GERALD.–– (Lentamente.) Supongo que sÃ.
LORD ILLINGWORTH.––Su madre es una mujer muy buena. Pero las mujeres buenas tienen ideas limitadas sobre la vida; su horizonte es tan pequeño, sus intereses tan poco importantes... ¿no es as�
GERALD.––Se interesan muchÃsimo, ciertamente, por cosas que a nosotros no nos preocupan nada.
LORD ILLINGWORTH.––¿Supongo que su madre será muy religiosa?
GERALD.––¡Oh, sÃ! Va siempre a la iglesia.