Una mujer sin importancia
Una mujer sin importancia HESTER.––Mistress Arbuthnot, yo deseo que seamos amigas. ¡Es usted tan diferente de las demás mujeres que hay aquÃ! Cuando entró en el salón esta noche trajo con usted la sensación de lo que es bueno y puro en la vida. He sido tonta. Hay cosas que se tiene derecho a decir, pero que no deben decirse fuera de lugar y a gente indigna.
MISTRESS ARBUTHNOT.––Oà lo que dijo. Estoy de acuerdo con ello, miss Worsley.
HESTER.––No sabÃa que lo hubiese oÃdo. Pero sabÃa que estarÃa de acuerdo conmigo. Una mujer que ha pecado debe ser castigada, ¿verdad?
MISTRESS ARBUTHNOT.––SÃ.
HESTER.––Y no debÃa permitÃrsele entrar en la sociedad de los hombres y mujeres buenos.
MISTRESS ARBUTHNOT.––No debÃa permitÃrsele.
HESTER.––Y el hombre debe ser también castigado.
MISTRESS ARBUTHNOT.––Del mismo modo. Y los hijos, si existen, ¿también?
HESTER.––SÃ; es justo que los pecados de los padres caigan sobre los hijos. Es una ley justa. Es la ley de Dios.
MISTRESS ARBUTHNOT.––Es una de las terribles leyes de Dios (Va hacia la chimenea.) HESTER.––¿Siente usted que su hijo la deje, mistress Arbuthnot?
MISTRESS ARBUTHNOT.––SÃ.