Cuentos completos
Cuentos completos —Bajó corriendo las escaleras. Corrió por el campo; por los caminos, por la ruta; por el bosque. Corrió kilómetros y kilómetros; y cuando las estrellas comenzaron a aparecer sobre los árboles llegó a la casa… cubierto de polvo, empapado en sudor…
Se detuvo, como si lo hubiera visto.
—Y después, y después… ¿Qué hizo después? ¿Qué dijo? ¿Y la joven?… —Insistieron todos.
Un rayo de luz cayó sobre la señora Ivimey como si alguien hubiera enfocado las lentes de un telescopio sobre ella. (Era la armada aérea buscando aviones enemigos). Se había puesto de pie. Llevaba algo azul en la cabeza. Había alzado la mano, como si estuviera parada junto a una puerta, sorprendida.
—Oh, la joven… Era… —dudó un momento, como hubiese estado a punto de decir «yo». Pero hizo memoria y se corrigió:
—Era mi bisabuela —dijo.
Se volvió para tomar su chal. Estaba en la silla detrás de ella.
—Pero dinos, ¿qué hay con el otro hombre, el hombre que dobló la esquina? —preguntaron.
—¿Ese hombre? Oh, ese hombre —murmuró la señora Ivimey, inclinándose, buscando a ciegas el chal (el foco ya no alumbraba la terraza)—, supongo que desapareció.