Cuentos completos
Cuentos completos A cualquier hora que despertaras siempre había una puerta balanceándose. Iban de habitación en habitación, tomados de la mano; levantando aquí, abriendo allá, asegurándose… Una pareja de fantasmas.
«Aquí lo dejamos», dijo ella. Y él agregó: «¡Oh, pero aquí también!». «Está arriba», murmuró ella. «Y en el jardín», susurró él. «Con cuidado», dijeron, «o los despertaremos».
Oh, pero no nos despertaban. «Están buscándolo; están abriendo la cortina», podíamos decir, y seguíamos leyendo una o dos páginas. «Ahora lo encontraron,» estaba segura, y detenía el lápiz en el margen. Y después, cansada de leer, me levantaba y veía con mis propios ojos la casa vacía, las puertas abiertas. Sólo se escuchaban las palomas, rebosantes de alegría, y el zumbido de la máquina de trillar andando en la granja. «¿A qué he venido? ¿Qué pretendía encontrar?». Mis manos estaban vacías. «¿Tal vez sea arriba después de todo?». En el altillo estaban las manzanas. Bajo otra vez; en el jardín, la quietud de siempre, sólo el libro se había caído al césped.