El lector comun
El lector comun Pero no es tan fácil decidir qué es lo que les da a estos gritos angustiados de Electra el poder de cortar y herir y emocionar. En parte la conocemos y hemos captado en pequeños giros y peculiaridades del diálogo indicios de su carácter, de su apariencia, que, de un modo característico, descuidaba; de algo doliente en ella, ultrajada e incitada hasta el límite de su capacidad, y aun así, como ella misma sabe («actúo de manera intempestiva y de forma inconveniente»),[4] embotada y degradada por el horror de su posición, una joven innupta obligada a ser testigo de la vileza de su madre y a denunciarla con un fuerte clamor, casi vulgar, a lo largo y ancho del mundo. En parte, también, sabemos igualmente que Clitemnestra no es una malvada impenitente.
, [5] «es grandioso dar a luz», dice. No es una asesina, violenta e irredimible, a quien Orestes mata dentro de la casa, y Electra le manda destruir por completo: «Golpea, si puedes, una segunda vez».[6] No; los hombres y mujeres que se hallaban al sol ante el público en la ladera de la colina estaban bastante vivos, eran bastante sutiles, no meras figuras o vaciados de escayola de seres humanos.