El lector comun

El lector comun

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Dorothy Wordsworth

Dos viajeras sumamente incongruentes, Mary Wollstonecraft y Dorothy Wordsworth, se siguieron los pasos muy de cerca. Mary estuvo en Altona a orillas del Elba en 1795 con su bebé; tres años después Dorothy llegó al mismo lugar con su hermano y Coleridge. Ambas dejaron constancia por escrito de sus viajes; ambas vieron los mismos lugares, pero los ojos con los que los vieron eran muy diferentes. Todo cuanto Mary veía servía para embarcar su mente en alguna teoría sobre la actuación del gobierno, sobre el estado de la gente, sobre el misterio de su propia alma. El batir de los remos sobre las olas la llevó a preguntar: «Vida, ¿qué eres? ¿Adónde va este aliento, este yo tan vivo? ¿En qué elemento se mezclará, dando y recibiendo energía fresca?».[65] Y a veces olvidaba mirar hacia la puesta de sol y miraba en cambio al barón de Wolzogen. Dorothy, por otro lado, anotaba lo que había ante ella con meticulosidad, literalmente y con prosaica precisión. «El paseo muy agradable entre Hamburgo y Altona. Una gran extensión de terreno plantada de árboles y entrecruzada por paseos de gravilla … El terreno en la parte opuesta del Elba parece pantanoso.»[66] Dorothy nunca despotricaba contra «las pezuñas hendidas del despotismo». Dorothy nunca hacía «preguntas de hombres» acerca de exportaciones e importaciones; Dorothy nunca confundía su propia alma con el cielo. Este «yo tan vivo» estaba implacablemente subordinado a los árboles y a la hierba. Porque si ella dejara a ese «yo» y sus aciertos y sus errores y sus pasiones y su sufrimiento inmiscuirse entre ella y el objeto, llamaría, seguro, a la luna «la Reina de la Noche»; hablaría de los «rayos de oriente» del alba; se remontaría en ensoñaciones y rapsodias, y olvidaría encontrar la frase exacta para las ondulaciones de la luz de la luna sobre el lago. Era como «arenques en el agua» —no podría haber dicho eso si hubiera estado pensando en ella misma. Así, mientras Mary se golpeaba la cabeza contra un muro tras otro y clamaba: «Seguro que en este corazón reside algo que no es perecedero, y la vida es más que un sueño», Dorothy seguía metódicamente en Alfoxden anotando la llegada de la primavera. «El endrino en flor, el espino verde, los alerces del parque pasaron de negros a verdes en dos o tres días». Y al día siguiente, el 14 de abril de 1798, «la tarde muy tormentosa, de modo que permanecimos dentro. La vida de Mary Wollstonecraft, etc.», llegó. Y al día siguiente pasearon por los terrenos del hacendado y notó que «La naturaleza se estaba afanando satisfactoriamente en hacer hermoso lo que el arte había deformado— ruinas, ermitas, etcétera, etcétera». No se hace referencia a Mary Wollsto necraft; es como si su vida y todas sus tormentas hubieran quedado barridas en uno de esos compendiosos etcéteras, y sin embargo la frase siguiente suena como un comentario inconsciente: «Por suerte no podemos dar forma a las inmensas colinas, ni esculpir los valles según nuestra fantasía». No, no podemos rehacer, no debemos rebelarnos; sólo podemos aceptar y tratar de comprender el mensaje de la naturaleza. Y así prosiguen las anotaciones.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker