El lector comun
El lector comun y enseguida la mente empieza a formarse un entorno. Crea un trasfondo, ya sea de la clase más provisional, para Sófocles; imagina alguna aldea, en una remota parte del paÃs, cerca del mar. Aún hoy dÃa pueden encontrarse aldeas asà en las partes más agrestes de Inglaterra, y cuando entramos en ellas apenas podemos evitar la impresión de que aquÃ, en este grupo de casas rurales, aisladas del ferrocarril o de la ciudad, están todos los elementos de una existencia perfecta. Aquà está la rectorÃa; aquà la casa señorial, el campo y las casitas; la iglesia para el culto, el club para reunirse, el campo de crÃquet para jugar. Aquà la vida está sencillamente ordenada en sus principales elementos. Cada hombre y cada mujer tienen su trabajo; cada cual trabaja para la salud o la felicidad de otros. Y aquÃ, en esta pequeña comunidad, los caracteres pasan a formar parte del linaje común; se conocen las excentricidades del clérigo; los defectos temperamentales de las señoronas; la enemistad del herrero con el lechero, y los amores y emparejamientos de chicos y chicas. Aquà la vida ha hendido los mismos surcos durante siglos; han surgido las costumbres; las leyendas se han prendido a las cimas de las colinas y a los árboles solitarios, y la aldea tiene su historia, sus fiestas y sus rivalidades.
