El viejo Bloomsbury y otros ensayos
El viejo Bloomsbury y otros ensayos La casa era oscura por ser la calle estrecha al grado de poderse ver a la señora Redgrave lavándose el cuello en su dormitorio, allá enfrente; pero también porque mi madre, criada en la tradición de la casa Watts-Venetian-Little Holland, había cubierto los muebles de terciopelo rojo y pintado de negro con delgadas líneas doradas las partes de madera. Además, la casa era totalmente silenciosa. Excepto por un cabriolé ocasional o el carretón del carnicero, nada pasaba frente a la puerta. Se escuchaba el taconeo de pasos calle abajo antes de verse un sombrero de copa o un bonete; casi siempre se sabía quién estaba pasando; podía ser sir Arthur Clay; los Muir Mackenzies o la señorita de nariz blanca o la señora Redgrave con su nariz roja. Por tanto, aquí vivían diecisiete o dieciocho personas en habitaciones pequeñas con un cuarto de baño y tres excusados para todas. Aquí nacimos nosotros cuatro, aquí murió mi padre, aquí Stella se comprometió con Jack Hills y dos puertas abajo, en la misma calle, murió también al cabo de tres meses de matrimonio. Cuando la recuerdo, esa casa me parece llena de escenas familiares, grotescas, cómicas y trágicas, de las violentas emociones de la juventud, la revuelta, la desesperación, la felicidad embriagadora, el aburrimiento inmenso, las fiestas con los famosos y los insípidos; con enojos otra vez, George y Gerald; con las escenas de amor de Jack Hills; las de afecto apasionado por mi padre, que alternaban con un odio apasionado por él, todo esto hormigueando y vibrando en una atmósfera de perplejidad y curiosidad juveniles, a grado tal que me siento sofocada por las rememoraciones. El lugar parecía embrollo y enredo de emociones. Podría escribir la historia de cada marca o rasguño de mi cuarto, escribí más tarde. En verdad que las paredes y las habitaciones habían sido construidas de acuerdo con nuestro molde. Habíamos permeado toda aquella vasta fábrica -más tarde la convirtieron en hotel- con la historia de nuestra familia. Se diría que aquella casa y la familia que la vivía, unidas como estaban por tantas muertes, tantas emociones, tantas tradiciones, habrían de durar para siempre. Mas entonces y de pronto ambas se desvanecieron en una sola noche.