El viejo Bloomsbury y otros ensayos
El viejo Bloomsbury y otros ensayos Buscamos entonces, según pasa el tiempo, señales que el señor Forster se está comprometiendo, que se está aliando con alguno de los dos grandes campos a los que pertenece la mayoría de los novelistas. En términos un tanto burdos, podemos dividirlos en maestros y predicadores por un lado, con Tolstói y Dickens a la cabeza, y por el otro los artistas puros, encabezados por Jane Austen y Turguenev. Al parecer, el señor Forster siente un fuerte impulso de pertenecer a los dos campos a la vez. Posee muchos de los instintos y las aptitudes del artista puro (para adoptar la vieja clasificación), como son un estilo exquisito en la prosa, un agudo sentido de la comedia, el poder de crear personajes con unos cuantos rasgos, que viven en una atmósfera propia; pero al mismo tiempo lo domina una conciencia elevadísima del mensaje. Tras el arcoiris del ingenio y la sensibilidad está la visión que se ha propuesto que veamos. Pero esa visión es de tipo peculiar y su mensaje de naturaleza elusiva. No le interesan mucho las instituciones. Carece de esa amplia curiosidad social que marca la obra del señor Wells. Poca atención le merecen la ley de divorcio y la ley de pobres. Su preocupación está con la vida privada; su mensaje está dirigido al alma. "Es la vida privada la, que sostiene el espejo ante el infinito; el intercambio personal, y sólo el intercambio personal, apunta a una personalidad que supera nuestra visión diaria." No es nuestro negocio construir con ladrillo y cemento, sino aproximar entre sí lo visible y lo invisible. Debemos aprender a construir el "arcoiris que conecte la prosa que está en nosotros con la pasión. Sin esto somos fragmentos carentes de significado, a medias monjes, a medias bestias". A todo lo largo de su escritura corre esa creencia: que la vida privada es lo importante y el alma lo eterno. Es el conflicto entre Sawston e Italia en Where Angels Fear to Tread (Donde los ángeles no se atreven), entre Rickie y Agnes en The Longest Journey (El viaje más largo), entre Lucy y Cecil en A Room With a View (Un cuarto con vista). Y según pasa el tiempo se ahonda, se hace más insistente. Lo fuerza a ir de las novelas cortas más ligeras y caprichosas a ese interludio curioso, llamado The Celestial Omnibus (El ómnibus celestial), para llegar a Howards End (Howards End) y A Passage to India (Pasaje a la India), que señalan su madurez.