El viejo Bloomsbury y otros ensayos

El viejo Bloomsbury y otros ensayos

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Un problema parecido yace ante el señor Forster: cómo unir el objeto en sí con el significado del objeto y cómo llevar la mente del lector a través de la sima que divide a los dos sin derramar una sola gota de su creencia. En ciertos momentos ocurridos en Arno, en Hertfordshire, en Surrey, la belleza brota de la vaina, el fuego de la verdad flamea desde la tierra encostrada y deberíamos ver la villa de ladrillo rojo, en los suburbios de Londres, iluminada. Pero es justo en esas grandes escenas, que son la justificación del complejo entretejido de la novela realista, donde estamos plenamente conscientes del fracaso. Porque es aquí donde el señor Forster hace el cambio del realismo al simbolismo; es aquí donde el objeto que se ha mostrado sólido sin titubeos se vuelve, o debería volverse, luminoso en su transparencia. Forster fracasa, nos sentimos tentados a pensar, ante todo porque se ha servido demasiado bien del don admirable de la observación. Ha registrado demasiado y con demasiada literalidad. En una de las páginas nos ha dado una imagen casi fotográfica y nos pide que en la siguiente la misma vista quede transformada y radiante a causa de los fuegos eternos. El librero que cae sobre Leonard Bast en Howards End acaso debiera aplastarlo con todo el peso muerto de una cultura amojamada; las cuevas de Marabar no debieran parecemos cuevas reales sino, acaso, el alma de la India. La señorita Quested debería quedar transformada de una muchacha inglesa amante de los picnics en la arrogante Europa que se adentra en el corazón de Oriente y allí se pierde. Tomamos con cautela esas afirmaciones, pues de hecho no estamos muy seguros de haber acertado en nuestras suposiciones. En lugar de quedarnos con esa sensación de certitud instantánea que sacamos de El pato salvaje o El maestro Solness, estamos perplejos, preocupados. ¿Qué significa esto? nos preguntamos ¿Qué debemos entender en esto? Y la hesitación es fatal. Pues dudamos de las dos cosas, lo real y lo simbólico, de la señora Moore, la amable anciana, y de la señora Moore, la sibila. La conjunción de esas dos realidades diferentes parece lanzar dudas sobre ambas. De aquí que tan a menudo haya, en el corazón mismo de las novelas del señor Forster, una ambigüedad. Sentimos que algo nos falló en el momento crítico y en lugar de ver, como ocurre en El maestro Solness, un todo único vemos dos partes separadas.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker