El viejo Bloomsbury y otros ensayos
El viejo Bloomsbury y otros ensayos "Lady Ottoline", escribí en mi diario, "es una gran dama que ha terminado descontenta con su propia clase e intenta descubrir qué está buscando entre artistas y escritores. En razón de esto, como si estuvieran inspirados por algo divino, se les acerca de un modo definitivo y ellos la consideran un espíritu sin cuerpo que ha escapado de su mundo para llegar a otro en el cual no puede echar raíces. Aunque no bella, sí vale mucho la pena contemplarla, Al igual que gran parte de la gente pasiva, es muy cuidadosa y puntillosa con su entorno. Se toma las molestias más extremas para hacer descollar su belleza, como si se tratara de algún objeto precioso recogido en una oscura callejuela florentina. Siempre se diría posible que las ricas estadounidenses que acarician su capa persa y la califican de ‘muy buena’ pasen a acariciarle la cara y la califiquen de una obra fina del estilo renacentista tardío; frente y ojos magníficos, el mentón acaso restaurado. La palidez de sus mejillas, el modo en que echa la cabeza hacia atrás y mira vacuamente le da la apariencia de una Medusa de mármol. Su pasividad es curiosa". Y entonces paso a exclamar, de un modo más bien rapsódico, que el lugar todo estaba lleno de "lustre e ilusión".