Fin de viaje
Fin de viaje —Es ésa una gran verdad —dijo Richard después de una pausa—. Cuando repaso los 42 años de mi vida, me pregunto cuáles son los hechos que verdaderamente cuentan. La miseria y… —vaciló, y echándose hacia adelante susurró—: El Amor.
La forma de pronunciar esta palabra pareció abrir ante Rachel nuevos horizontes.
—Quizá le parezca extraño que le hable asÃ, pero no tiene usted ni la más remota idea de lo que he querido decirle. No me refiero al sentido convencional que comúnmente se le da a la palabra. Lo digo porque conozco su verdadero sentido. Generalmente las muchachas ignoran todo esto, ¿no será mejor asÃ? ¿Quién sabe? —ParecÃa hablar consigo mismo.
—No, yo no sé su verdadero significado —dijo Rachel casi con un susurro, con un soplo de voz.
—¡Dick, mira! ¡Barcos de guerra! ¡Por allÃ! —gritó Clarissa acercándose rápidamente.
Dos buques de guerra, con su color grisáceo caracterÃstico, se divisaban a gran distancia. Richard se transformó al momento y se adelantó mirando fijamente a los buques.
—¿Son nuestros, Dick? —preguntó Clarissa ansiosamente.
—SÃ, pertenecen sin duda a la flota mediterránea —contestó él.