Fin de viaje
Fin de viaje Mientras los camarotes que ocuparon los Dalloway eran limpiados, Helen se entretenÃa en arreglar el salón al tiempo que observaba a Rachel. Notó su laxitud y la actitud de retraimiento de la muchacha. Se propuso conocerla más a fondo y atraérsela para averiguar qué le sucedÃa y cuál era el motivo de su depresión.
—Ven, hablaremos un rato —dijo Helen.
Rachel la siguió indiferente hacia un rincón de la cubierta de cara al sol y se sentaron en dos butacas extensibles. Rachel tenÃa la cabeza embotada por un cúmulo de sensaciones nuevas y emociones desconocidas hasta entonces. La escena con el señor Dalloway la habÃa sumido en un mar de confusiones. Prestaba escasa atención a lo que decÃa Helen. Mientras ésta preparaba el bastidor y enhebraba la aguja, ella se reclinó en su asiento, dejando vagar su vista por la inmensidad del mar.
—¿Qué te han parecido los Dalloway? —preguntó Helen con natural indiferencia—. ¿Te han sido simpáticos?
—Sà —contestó Rachel sencillamente.
—¿Hablaste con él?
Rachel permaneció un momento en silencio, y sin la menor alteración en el tono de su voz, dijo:
—Me besó.
—SÃ… —articuló Helen, que por un momento quedó sin saber qué decir—, ya me pareció que pertenecÃa a esa clase de individuos…