Fin de viaje
Fin de viaje Fueron formándose grupos; Hugh Elliot y la señora Thornbury, que habÃan leÃdo los mismos libros y se hallaban interesados por idénticas cuestiones, se daban informes sobre la armada y el ejército, partidos polÃticos, economÃa, y estaban de acuerdo en que América era el paÃs del futuro. Evelyn M. les escuchaba atentamente.
—¡Cómo desearÃa ser un hombre! —exclamó, sobresaltando a los conversadores.
El señor Perrot admitió que un paÃs con un futuro brillante era una posibilidad digna de tenerse en cuenta.
—Si yo estuviera en su lugar —dijo Susan—, formarÃa un ejército, conquistarÃa un territorio americano y lo harÃa fructificar. Para eso necesitarÃa mujeres y yo podrÃa ser una de ellas. Grandes casas con inmensos vestÃbulos y solo personas que merecieran el nombre de tales… pero a usted le interesan solo las leyes.
—¿Y no echarÃa usted de menos los trajes bonitos, las chucherÃas y todo cuanto hace la felicidad de la gente joven? —preguntó Perrot intentando con su ironÃa ocultar cierto despecho.
—No soy una niña, y menos una niña tonta —exclamó vivamente Evelyn, mordiéndose el labio—. ¿Se rÃe usted de mà porque me gusta lo hermoso y lo monumental? ¿Por qué no serán los hombres de hoy como Garibaldi?
