Fin de viaje
Fin de viaje —Escuche, Evelyn —dijo Perrot, conciliador.
—¿Quiere usted empezar de nuevo? Bueno, pero le advierto que lo comprendo perfectamente. Todos los territorios están ya conquistados, ¿no? No me he referido a una porción de tierra en concreto —especificó Evelyn—. Es una idea, ¿comprende? Vivimos generalmente una vida tan sosa y monótona… y ustedes, por ejemplo, llevan tanto bueno en su interior…
Hewet, que les observaba, vio el temor y la pena reflejados en el rostro de Perrot. Probablemente, en aquel momento estaba calculando si con el sueldo de 500 libras al año podÃa acercarse a una mujer con propósitos matrimoniales. No poseÃa más capital que su carrera y debÃa sostener a una hermana inválida. Además, Perrot tenÃa perfecta conciencia de que no pertenecÃa al grupo de sus amigos. Su origen habÃa sido humilde. Era hijo de un tendero de Seedsy. De pequeño habÃa llevado enormes cestos sobre su cabeza, y aunque ahora era un verdadero «señor», un observador cuidadoso hubiera notado en él cierto temor de que se pusiese de manifiesto su origen modesto. Su persona resplandecÃa siempre de impecable limpieza. Cierta timidez en sus modales era recuerdo de los dÃas de estrecheces y sufrimientos.