Fin de viaje
Fin de viaje Los grupos tomaban distintas posiciones para admirar el paisaje maravilloso. El calor habÃa levantado una neblina sobre la ciudad que impedÃa distinguir desde aquella altura los tejados de las viviendas. En la cima de la montaña el calor apretaba, a pesar de soplar un ligero vientecillo. El inmenso espacio que les rodeaba, la buena comida y otras causas no bien definidas, producÃan un feliz estado de somnolencia que les mantenÃa silenciosos y satisfechos.
—¿Quiere que vayamos a contemplar el paisaje desde all� —propuso Arthur a Susan, y la pareja se alejó en dirección contraria al resto del grupo.
—¿No le parece un poco extraña la reunión? —preguntó Arthur—. Creà que no llegarÃamos hasta aquà y no me lo hubiera perdonado nunca… ¡Perderme este espectáculo!
—No me gusta el señor Hirst —dijo Susan, como si expresase un pensamiento Ãntimo—. No dudo que sea un gran talento… pero si todos los hombres de talento son como él… Tratándole a fondo, será, probablemente, agradable —prosiguió como queriendo desvirtuar la crudeza de su primera opinión.
—Es un intelectual —dijo Arthur, displicente—; tendrÃa que oÃr sus conversaciones con Elliot, a mà me resultan incomprensibles, claro que tampoco fui nunca una lumbrera para los estudios.