Fin de viaje
Fin de viaje —Me… me lo han recomendado —tartamudeó ligeramente.
—¿Y crees que yo me dedico a esas porquerÃas del siglo pasado? —exclamó su tÃo—. Son por lo menos diez volúmenes asà —prosiguió.
Rachel le rogó que perdonase la interrupción y se disponÃa a retirarse.
—¡Espera! —gritó su tÃo.
Dejó a un lado la pipa, cerró el libro y levantándose cogió a su sobrina de un brazo. Asà cogidos fueron pasando revista a los libros de la habitación.
—Platón… Jorrocks, muy ligero; Sófocles. Supongo que no te interesan los comentarios alemanes. ¿Lees francés? —Rachel hizo un gesto afirmativo—. Pues deberÃas leer a Balzac. Bueno, ya llegamos a Wordswort, Coleridge, Pope, Johnson, Addison, Shelley, Keats… ¿Por qué estará aquà Marlowe? Debe ser cosa de la señora Chailey. Pero ¿de qué te sirve haber aprendido a leer si no conoces el griego? Después de todo, si pudieras leer a los griegos, ya no necesitarÃas buscar a otros autores. Te faltarÃa tiempo. Te faltarÃa tiempo… —ParecÃa hablar para sà mismo.
Asà fueron siguiendo hasta completar la vuelta a la habitación.
—Bien —siguió Ridley—. Tú verás cuál quieres. —Balzac —dijo Rachel—. ¿Pero no tendrÃas el Discurso de la Revolución Americana?