Fin de viaje
Fin de viaje Ridley la miró atentamente.
—¿Otro bailarÃn?…
—No, ése fue el señor Dalloway —confesó la muchacha y súbitamente, recordando a quien habÃa nombrado, exclamó—: ¡¡Cielos!! —Y escogió un libro al azar.
Su tÃo miró el lomo del volumen: La Cousine Bette, y le aconsejó que cuando empezara a encontrarlo aburrido, lo tirase. Luego le preguntó si se habÃa divertido en el baile, y quiso saber qué es lo que hacÃa la gente en tales fiestas. La última a que él habÃa asistido, hacÃa 35 años, le pareció algo sin sentido. Hablaban sin cesar mientras bailaban. ¿No hubiera sido más razonable hacerlo sentados y tranquilos? Lanzó un suspiro y señaló las pruebas de su labor, esparcidas por toda la habitación.
Rachel vio en la satisfacción que reflejaba el rostro de su tÃo, un mentÃs a su nostálgico suspiro. Le dio un beso y se despidió de él, prometiéndole aprender, por lo menos, el abecedario griego.
Rachel bajaba las escaleras lentamente, pensando en la vida tan extraña que llevaba su tÃo, siempre metido entre libros y sin tomar parte activa en bailes ni fiestas, pero al parecer muy satisfecho con su género de vida.