Fin de viaje
Fin de viaje —Alfred Perrot dice que prometà casarme con él, yo lo niego. Sinclair dice que se pegará un tiro si no me caso con él. Le he contestado: «Bien, pues, pégatelo». Claro que no lo hará. Nunca lo hacen. Esta tarde me abordó Sinclair dándome la lata, diciéndome que tenÃa que darle una contestación y acusándome de coquetear con Alfred Perrot. Me ha dicho que no tenÃa corazón, que era sencillamente una sirena y un sinfÃn de cosas más, todas tan agradables como éstas. Hasta que me harté y le dije: «¡Bien, Sinclair! ¡Ya está bien! Puedes dejarme o me voy yo». Entonces, el muy fresco, me cogió y me besó, ¿qué le parece? El muy bruto, aun siento su cara peluda aquÃ. ¿Con qué derecho? El muy… después de todo lo que me dijo —y se frotaba con energÃa la mejilla izquierda—. ¡Nunca me tropecé con un hombre que pudiera compararse a una mujer! —exclamó con viveza—. ¡No tienen dignidad, ni entereza, ni contención! No tienen más que sus pasiones bestiales y su fuerza bruta. ¿Hay alguna mujer que se porte asà si un hombre le dice que no la quiere? Tenemos más respeto hacia nosotras mismas. Somos muy superiores a ellos en todo.
Se paseaba muy agitada por la habitación secándose la cara con la toalla de esponja. Las lágrimas le corrÃan por el rostro, uniéndose al agua fresca con que se habÃa lavado.