Fin de viaje
Fin de viaje Su voz subía de diapasón. Sin saber a qué atribuirlo sintió Rachel cierto desvío hacia Susan, pasando por alto todas sus cualidades de bondad y modestia. Se le aparecía hipócrita y cruel; la veía ya gruesa y prolífica. Sus bonitos ojos acuosos y sin brillo y su tez nacarada llena de surcos y más mate. Helen le preguntó:
—¿Fuiste a la iglesia?
Había ganado la apuesta y parecía dispuesta a levantarse para despedirse.
—Sí —le respondió Rachel y añadió—: por última vez.
Al ir a levantarse se le cayó a Helen un guante y recogiéndoselo Evelyn, dijo medio en broma:
—¿Pero se marcha ya?
—Va siendo hora. ¿No ve qué callados están todos?