Fin de viaje
Fin de viaje En aquel momento se le ocurrió a Rachel, que siempre habÃa encontrado los mismos defectos en su tÃa, desde la primera noche que la conoció a bordo del Euphrosyne, a pesar de su belleza, a pesar de su magnanimidad y de todo su cariño.
—¡Ay, no sé qué le pasa a todo el mundo! —exclamó—. ¡Nadie tiene sensibilidad, no hacen más que herir! Te lo digo sinceramente, Helen, el mundo es malo. Es una agonÃa, vivir… desear…
Cogió al pasar un puñado de hojas de un arbusto y las aplastó nerviosa entre las manos como si asà se desahogase.
—La vida de esas personas —probó a explicarse—, su inutilidad, su modo de vivir. Vas de uno a otro y todos son iguales. Nunca encuentras lo que deseas en ninguno de ellos.
Su estado de ánimo y lo confuso de sus ideas convertÃanla en vÃctima fácil para Helen de querer ésta sonsacarla y ganarse su confianza. Pero en lugar de hablar, ambas cayeron en un profundo silencio mientras seguÃan caminando. A Helen le parecÃa imposible creer lo que adivinó en el té. Los pequeños chistes, la charla, las tonterÃas de la tarde se evaporaban ante su vista.