Fin de viaje
Fin de viaje —Se os ve cansadÃsimos —observó Hirst.
—Debe ser agobiante pasear bajo esos árboles —exclaÂmó Helen, recogiendo su libro y sacudiéndole los trociÂtos de hierba que quedaron entre las páginas.
Todos guardaron silencio, mirando la corriente del rÃo hincharse al tropezar con los árboles caÃdos. Asà les inÂterrumpió el señor Flushing. Salió de los árboles a cien metros de ellos y exclamó con voz fuerte:
—¡Ah! ¿Con que dieron con el camino? Pero es tarde, mucho más tarde de lo que quedamos, Hewet.
Se le notaba ligeramente contrariado, y su misión de director de la expedición le hacÃa adoptar un tono algo autoritario. Hablaba aprisa, usando palabras fuertes, que carecÃan de sentido.
—Llegar tarde no importa gran cosa, claro —dijo—; pero como es cuestión de tener los hombres a punto.
Llegaron junto a la orilla, donde les esperaba el boÂte. El intenso calor iba disminuyendo, y tornando el té, los Flushing se sintieron más comunicativos. Terence, oyéndoles hablar, sentÃa que la existencia tomaba dos distintos caminos. Allà estaban los Flushing hablando incansablemente, como si se remontasen a las alturas, mienÂtras él y Rachel caÃan en el centro del mundo unidos.