Fin de viaje
Fin de viaje Viendo como Flushing, con sus palabras, razonaba y procuraba convencer a Hirst, Terence atrajo a Rachel a su lado, apuntando ostensiblemente a un enorme y retorcido tronco caído y medio hundido en el agua. Deseaba, a toda costa, estar cerca de ella, pero vio que no podía decirle nada. Oyeron a Flushing que seguía disertando sobre su esposa, después de arte, y también del futuro del país. Palabras sin sentido que flotaron en el aire. Como empezaba a refrescar, el señor Flushing se paseó por la cubierta con Hirst. Llegaron a sus oídos fragmentos de la conversación: arte, emoción, verdad, realidad.
—¿Es esto verdad, o es sólo un sueño? —murmuró Rachel cuando hubieron pasado.
—Es verdad, realidad —replicó él.
El aire refrescó y hubo un deseo general de movimiento. Al descender la obscuridad, las palabras de los demás parecían encogerse y evaporarse, como se desvanecen las cenizas de un papel quemado. Rachel y Terence quedaron completamente silenciosos. Fuertes sacudidas de intenso goce les estremecieron en su interior. La calma renacía de nuevo.