Fin de viaje
Fin de viaje —Asà lo estropeas todo. Mira el mar y el cielo de este paÃs. Siempre azul. Es como si fuera una cortina: todo lo que una desea se encuentra a un lado de ella. Quisiera saber qué pasa al otro lado. Aborrezco estas divisiones. ¿No te pasa a ti igual, Terence? Solo por ir a bordo de un barco nos quedamos al borde del resto del mundo. Quiero ver Inglaterra ahÃ, Londres allÃ, ¿por qué no puedo?, ¿qué me lo impide?, ¿por qué tiene una que estar encerrada?
Mientras ella hablaba asà no observó que Terence fruncÃa el ceño. No miraba ante él satisfecho, sino que la miraba a ella intensamente con gesto descontento. VeÃa que era capaz de dejarse llevar sola, sin él, a regiones de la fantasÃa, donde para nada le necesitaba. Esta idea le sublevaba celosamente.
—Algunas veces creo que no me quieres y que nunca me querrás —dijo con energÃa.
Ella se sobresaltó, volviéndose hacia él:
—Yo no significo para ti lo que tú para mÃ. Hay algo en ti de lo que no alcanzo a apoderarme. Siempre deseas algo más.
Empezó a pasearse por la habitación.
—Quizá pida yo demasiado —siguió diciendo—. Quizá no sea posible el alcanzar lo que deseo. ¡Los hombres y las mujeres son tan distintos! Tú no puedes comprenderlo, no es posible que te des cuenta. —Se acercó a ella, que le miraba en silencio.