Fin de viaje
Fin de viaje Le gustaba escucharles y aun se sentÃa conmovida cuando los novios, después de mostrar su completo desinterés por lo que hablaban, se escurrÃan fuera de la habitación y se les veÃa en el jardÃn despedazando flores y en animada charla. No era que estuviese celosa, si bien, sin duda, les envidiaba el gran futuro desconocido que se abrÃa ante ellos.
Divagando de un pensamiento a otro arreglaba la fruta, entraba y salÃa de la sala al comedor. Algunas veces se entretenÃa en enderezar las velas que el calor doblaba o arreglaba el orden demasiado rÃgido de las sillas junto a la pared.
Volviendo del comedor por tercera vez, se apercibió de que una de las butacas estaba ocupada por John Hirst. Se recostaba en ella con los ojos medio entornados, muy empaquetado como de costumbre en un traje gris, planchado y pulcro, defendiéndose de la exuberancia del clima que pudiese en algún momento dado tomarse libertades con él. Sus ojos se posaron en él tranquilamente y luego pasaron por encima de su cabeza. Finalmente ocupó la silla que habÃa frente a él.
—No pensaba venir —dijo por fin—, pero materialmente me obligaron a ello…
—Evelyn —suspiró profundamente.
Y empezó a explicar en tono solemne y zumbón cómo la detestable muchacha estaba empeñada en casarse con él.