Fin de viaje
Fin de viaje A pesar de casarse con él y de vivir con él treinta, cuarenta o cincuenta años, de gozar y padecer con él íntimamente, sería independiente de él. Se sentía ya independiente de los demás. No obstante, como dijera Hirst, ¿era quizás el cariño lo que la transformara de aquel modo? Nunca hasta que le amó a él se había sentido tan libre, con tanta calma y seguridad. No apetecía nada más.
La señorita Allan había estado a cierta distancia mirando a la pareja medio dormida en sus butacones. No se decidía a despertarlos. Como si súbitamente recordase algo, atravesó el vestíbulo. El ruido que hizo al aproximarse despertó a Terence, que se enderezó restregándose los ojos. La oyó hablar con Rachel.
—Bien, esto es muy agradable. Es de lo mejor que conozco. No puede ser muy corriente, que dos parejas, que nunca se conocieron, se encuentren en un mismo hotel y decidan casarse.
Se calló muy sonriente, sin saber qué más decirles. Terence se levantó y acercándose a ella, le preguntó si era cierto que había acabado ya su libro. Alguien le había dicho que ya lo había terminado. Su rostro se iluminó volviéndose hacia él con expresión animada.
—Sí, gracias a Dios, puedo decir que lo he terminado —dijo.