Fin de viaje
Fin de viaje —Yo no soy tan sencilla como son otras mujeres —continuó Evelyn—. Creo siempre desear más. No sé, con exactitud, cómo siento.
Él se sentaba a su lado, mirándola y sin decir palabra.
—Algunas veces creo que soy incapaz de sentir mucho cariño por una sola persona. Me lo imagino muy feliz con otra mujer, pero conmigo…
—Si usted cree que hay una pequeña esperanza de que pueda quererme, estoy dispuesto a esperar —dijo Perrot.
—Bien, entonces no hay prisa, ¿verdad? —comentó Evelyn—. Supongamos que yo lo meditase y le escribiera para cuando volviera. Me voy a Moscú, le escribiré desde allÃ.
Pero Perrot insistÃa.
—¿No me puede dar una idea? No pido siquiera una fecha… —calló, contemplando la arena del camino, y como ella no contestase en seguida, continuó—: Sé muy bien que yo no tengo mucho que ofrecerle, ni en mi persona ni en mi posición. Hasta que la encontré seguÃa mi vida tranquilo, junto con mi hermana, muy pacÃficos, completamente satisfechos con nuestra suerte. Mi amistad con Arthur fue lo más sobresaliente de mi vida. Ahora que la conozco, todo ha cambiado. Usted pone tanta alma en todo. La vida parece tener tantas posibilidades que yo ni siquiera soñé.