Fin de viaje
Fin de viaje Todo el atardecer, las nubes se amontonaban hasta cerrarse por completo sobre el azul del cielo. Parecían estrechar el espacio entre éste y la tierra, hasta faltar sitio al aire para moverse libremente. Las olas también estaban en reposo y sin movimiento. Las hojas y arbustos se abrazaban estrechamente. Tan raras eran las luces y el silencio, que el murmullo incesante de las voces que llenaban el comedor en las horas de la comida sonaba extraño con largas pausas en las que se oía con más claridad el choque de los cubiertos contra los platos.
El primer trueno y las primeras gotas causaron sensación. «¡Ya viene!», dijeron simultáneamente en varias lenguas. Hubo entonces un profundo silencio.
