Fin de viaje
Fin de viaje Hacia las cinco reapareció malhumorado y con aspecto de cansancio. Tenía hambre y sed y pidió inmediatamente té. Frotándose las manos fue refiriéndoles sus trabajos. Había encontrado al viejo Jackson peinándose el bigotillo en el espejo que tenía en su oficina. Sin esperarlo, el pobre viejo se encontró con una mañana de trabajo abrumador. Habían almorzado juntos mariscos y champaña. Visitó a la señora Jackson, que estaba más gruesa que nunca y había preguntado por Rachel, enviándole muchos saludos, Jackson había hecho una de las suyas. Tenía aviso de Willoughby de que para aquel viaje no aceptara pasajeros, pero se le había presentado un tal Richard Dalloway y su esposa. Este señor había sido elegido una vez miembro del Parlamento, y en cuanto a su esposa, era hija de un Par y portales motivos creían tener derecho exclusivo a cuanto pedían o solicitaban. Entre ambos cogieron al pobre Jackson, pasaron por alto todas sus objeciones, no le hicieron el menor caso, y le mostraron una carta de Lord Glenaway en la que le rogaba, como un favor personal, que los admitiera a bordo.
—Total —terminó Willoughby—, que mucho me temo que vamos a llevar la compañía de esa pareja.
Saltaba a la vista que todo aquello no le contrariaba en absoluto, aunque él intentara demostrar todo lo contrario.