Horas en una biblioteca
Horas en una biblioteca Poco tienen en común los Diarios de Emerson con cualquier otro diario. Podrían haberse escrito a la luz de las estrellas, en una cueva, siempre y cuando las paredes de roca viva estuvieran forradas de libros. En realidad, abarcan doce años de suma importancia: los correspondientes a cuando estudiaba en la universidad, cuando se hizo clérigo y cuando se casó por primera vez. Tanto las circunstancias como la naturaleza le dan una especial peculiaridad. La familia Emerson no pasaba por una etapa boyante, pero había dispuesto de nobles tradiciones en el pasado. Su madre, viuda, y su tía, una excéntrica, estaban poseídas por el fiero orgullo puritano de una familia que siempre había insistido en la necesidad de alcanzar la distinción intelectual, y codiciaban con un orgullo que no era precisamente propio del más allá un lugar elevado entre las familias más selectas de Boston. Pasaron privaciones y se las hicieron pasar a los chicos con tal de que éstos adquiriesen una sólida formación. El credo de ambas entusiastas mujeres consistía en que los niños «nacen para recibir una buena educación». Cortaban leña, leían a los clásicos en sus ratos libres y estuvieron expuestos, en toda su tierna sensibilidad, a la «presión de no sé cuántas influencias literarias», de las que el hogar de los Emerson estaba literalmente repleta. La influencia de la tía Mary, la hermana del padre, fue claramente la más poderosa. En la familia existían esbozos generales de los hombres de genio, y la señorita Emerson rudamente representó a su sobrino. Poseía la intensísima fe de los primeros americanos, además de una imaginación poética que la llevaba a ponerla en duda. Su alma siempre estuvo en conflicto. No sabía si sería capaz de soportar que sus sobrinos reformasen la preciada tela, a pesar de lo cual estaba tan imbuida de ideas nuevas que no pudo abstenerse de impartírselas. «Me encanta ser un cúmulo de voluminosos engorros para la sociedad», comentó. Sin embargo, la extraña correspondencia que mantuvo con Ralph, aunque resulta en gran medida ininteligible debido a la dificultad del pensamiento y a la inadecuación del lenguaje, nos muestra qué asunto tan intenso y tan apretado era la vida para una americana seria.
