Horas en una biblioteca
Horas en una biblioteca Asà las cosas, parece que cuando el biógrafo se quejaba de estar maniatado por los amigos, las cartas, los documentos, ponÃa el dedo sobre la llaga de una limitación necesaria. El personaje inventado vive en un mundo libre en el que los hechos los verifica únicamente una persona: el propio artista. Su autenticidad estriba en la verdad de su propia visión de las cosas. El mundo que se crea mediante esa visión es más insólito, más intenso, más de una pieza que el mundo hecho en gran medida de informaciones fidedignas que proporcionan otros. Y debido a esta diferencia, esas dos clases de realidad no se han de mezclar. Si se tocan, se destruyen mutuamente. La conclusión parece clara: nadie puede sacar el mejor partido de ambos mundos. Preciso es elegir, preciso es respetar la elección hecha.
