Horas en una biblioteca
Horas en una biblioteca La biografÃa, asà pues, se halla solo al comienzo de su andadura. Tiene por delante una vida larga y activa, podemos estar seguros: una vida repleta de dificultades, peligros, trabajos, adversidades. A pesar de todo, también podemos estar seguros de que será una vida distinta de la vida de la poesÃa y de la vida de la ficción: una vida vivida en un grado de tensión inferior. Por esa razón, sus creaciones no están destinadas a la inmortalidad que el artista de vez en cuando puede alcanzar para sus creaciones.
DirÃase que de esto ya existen algunas pruebas. El propio doctor Johnson, tal como lo creó Boswell, no vivirá tanto como el Falstaff creado por Shakespeare. Micawber y Miss Bates, con certeza, vivirán más que el Sir Walter Scott de Lockhart y la reina Victoria de Strachey. Están hechos de una materia más perdurable. La imaginación del artista, en sus momentos de máxima intensidad, dispara algo que es perecedero. Construye con materiales duraderos. En cambio, el biógrafo ha de aceptar lo perecedero, ha de construir con lo que corre el riesgo de ser efÃmero, engastarlo en el tejido de su obra. Es mucho lo que ha de perecer, poco lo que siga vivo. Y asà llegamos a la conclusión de que es un artesano, no un artista, y su obra no es una obra de arte, sino algo intermedio, encabalgado.
