Horas en una biblioteca
Horas en una biblioteca El comentario al uso de que la música se halla en su niñez tiene su mejor confirmación en la ambigüedad de la crÃtica musical. Dispone de tradiciones que la respaldan, y el arte de la música goza de tal vitalidad que justamente ahoga a quienes tratan de ocuparse a fondo de él. A un crÃtico de la palabra escrita rara vez le pillará nada por sorpresa, ya que puede comparar prácticamente todas las formas de la literatura con alguna forma anterior, y puede medir sus logros de acuerdo con criterios conocidos. En cambio, en la música, ¿quién ha intentado hacer lo que hacen Strauss o Debussy? Antes de haber tomado una decisión acerca de la naturaleza de la forma operÃstica, hemos de valorar una serie de ejemplos muy distintos y muy acusados. Esta ausencia de una tradición, más la falta de criterios actuales, es, naturalmente, la situación de máxima libertad y máxima felicidad a la que puede aspirar un crÃtico. Le brinda la ocasión de hacer por la música lo que Aristóteles hizo hace dos mil años por la poesÃa. El hecho de que, sin embargo, sea tan poco lo realizado para exponer los principios esenciales del arte, explica la indecisión que caracteriza nuestros intentos de enjuiciar la música reciente. En cuanto a la música de antes, la damos por sentada, o bien nos concentramos en el catarro de la prima donna. Es crÃtica de una sola hora, de un dÃa en concreto. Mañana, el listón marcado ya no será visible.
